Tu

VIDAAun conociéndote sigo sin entenderte, pero te busqué y seguiré buscándote sin detenerme

A veces para

Sacudirme el frío

Otras para

Calentarme el cuerpo

Te he navegado mil y una veces a bordo de los mejores veleros y otras tantas recostándome tan solo en rudimentarios troncos —con los que ni siquiera supe construir canoas.

Civilizaciones enteras han buceado en tus aguas y plasmando su historia en ellas fueron dejándote su huella.

Al principio ni siquiera intuimos y el desconocimiento de lo básico nos hace depender enteramente de otros.

Luego, nos alzamos o descendemos bajo tus serpenteantes aguas con la confianza, la ingenuidad y el calor del primer amor, de esos brazos que nos abrigan y nos cobijan.

Cuando vislumbramos como te abres, aun sin saber lo que nos deparas, te saboreamos probando tus deliciosos frutos, nos deleitamos mirándote.

No hay nada comparable a tus colores algodonosos y, sin detenernos, recorremos tus callejones para olisquear cada esquina, hacer un alto en tus laderas y trotar sin freno a lo largo y a lo ancho de tus bosques.

¡Encarándolo todo con ímpetu y brío!

Más adelante, aspiramos paso a paso tus aromas oceánicos, le cantamos a las idas y a las vueltas —ronroneamos todavía como gatos.

Y cuando andamos más curtidos comenzamos a capear el temporal, poniéndonos en pie cuando nos derrumbas, aireando nuestros miedos, aflojando o soltando algún que otro cabo para curar heridas.

Y lentamente abrimos con esmero el ángulo que forma la dirección de la quilla con la del viento, lo que haga falta, con tal de seguir e intentar llegar a buen puerto.

En períodos de sequía apenas vislumbramos simples hilos de agua, vemos barrizales, pólvora y polvo. Nos alimentamos de monstruos y nuestros fantasmas vuelven.

Dejamos de ser navegables

No sale el sol

La luna no se enciende

Tus copiosos temporales nos llenan de inquietud ante el temor de que nuestros rudimentarios navíos se queden a tu merced, pero con la esperanza de que despierte el gigante que llevamos dentro.

Y llega un día en el que, aunque algo rendidos, has conseguido enseñarnos tanto que advertimos mejor tu rumbo, hacemos encaje de bolillos y, abstraídos por la melancolía, trenzamos soles, pintamos tus olas de colores, nos hacemos amigos del silencio, descendemos con calma, somos mitad cauce, mitad arroyo, mitad barro, mitad río.

Más tarde, achacosos y longevos seguimos intentando tapizar nuestros flancos con junco y esparto —pese a necesitar escolta.

Nuestros últimos gemidos llegan desgajados, confusos, horizontales y planos.

Tu

Eres eso que llamamos vida

Poco

Mucho

Todo y Nada

“Esa vida que nos advierte que no debemos invadirla, pues sólo cuando recobra su caudal vuelve su ímpetu”


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36 comentarios sobre “Tu

  1. …Y navegando, va oxidándose y agrietando el casco, pierde empuje la proa, pero sabe más el marinero y afronta las tempestades con tacto y mano suave, nos naufragamos y no queda mujer ni hombre al agua y se siguen navegando meciéndose-nos en los días de bonanza ¡¡¡QUÉ HERMOSO, ÚRSULA!!!
    Gracias por dejarnos leer vida viva.

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  2. Realmente sorprendente, Úrsula. Lo he leído dos veces y la segunda mejor que la primera. Podría atribuirse tu entrada a cualquiera de los “santificados” de la literatura. Bravo y, ah, me quedo esta exclamación para aplicármela en todo momento: ¡Encarándolo todo con ímpetu y brío!

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  3. Leo tu artículo armado sobre esa gran metáfora de la vida que es el río. La propuesta no es nueva, yo diría que es uno de los temas eternos de la Filosofía y también de la Poesía. Me has hecho recordar a los presocráticos y el famoso río de Heráclito, que decía que la vida fluye como las aguas de un río y la persona que es hoy ya no será la de ayer ni la de mañana, pues todo está sujeto al paso del tiempo. Cambiamos de forma imparable, como vas apuntando en tu artículo, hasta el día de la muerte. Lo importante, sabido esto, es cómo afrontar la vida. Tú le das una respuesta positiva, la llenas de afecto, amor, aceptando en ese navegar las aguas nuestro inevitable destino disfrutando y respetando la naturaleza de una manera poética.
    Otro autor reseñable que se detuvo en estas consideraciones fue el poeta-filósofo Jorge Luis Borges.
    Pues bien, Úrsula, tomemos en cuenta este punto de partida. La relación con la actitud existencial manifestada en la obra del absurdo “Final de partida” es de un claro pesimismo, aunque el fondo de la cuestión, el paso inexorable del tiempo y el final, sea el mismo.
    Salud.

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    1. Cierto, una metáfora, diría, que recurrente y que me pareció también la mejor para bucear un poco en este tema e ir dibujando ese cambio incesante del que hablas. Y, desde luego, como bien dices lo importante es cómo afrontar la vida.

      Quizás haya ido hacia el lado positivo porque como búsqueda es lo que me pide el cuerpo.

      Me encanta el poema de Borges (como ‘relectura’ del río de Heráclito, cuando pregunta:
      ¿Qué trama es ésta del será, del es y del fue? ¿Qué río es éste por el cual corre el Ganges? …

      Veo igualmente esa relación del paso inexorable del tiempo en tu espléndida reseña sobre el ‘Final de partida’ de Beckett que tanto me gustó.

      Todo un regalo y un honor que me hayas dejado aquí tu comentario

      ¡Muchísimas gracias, Julio!

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