El malabarista

BRILector empedernido, amante de la música, del campo y de los caballos, este joven agricultor vio como su mundo se deshacía hasta convertirse en un lugar rabiosamente inhóspito.

Con sus dotes de malabarista y la mochila repleta de pelotas, diábolos, mazas y cariocas, llegó a la gran ciudad justo al despertar el día.

Y mientras encandilaba con su pericia a todo el que pudo verle en las múltiples plazas, calles y parques donde acudía a diario, pasaron meses.

La tarde que el representante de un circo le citó para el día siguiente, sus vivaces ojos se abrieron de par en par. Y tras llamar a Nora decidieron celebrarlo esa misma noche, ante el temor de que desapareciera la magia de ese instante.

El padre de Paul, experto en artes marciales, apasionado y conocedor también del dibujo y la pintura, le enseñó la utilidad de aplicar la visión periférica en sus juegos malabares.

—¿Y qué conexión existe entre el dibujo y la pintura, las artes marciales y tus juegos malabares?, le preguntó Nora.

—En estos y otros casos, respondió, se requiere también cierta destreza en el uso de la visión periférica ya que, al captar nuevos estímulos, amplía el campo de visión.

Desde pequeño visité con mi padre infinidad de museos, observé como visualizaba el lienzo para percibir la obra de manera integral e irónicamente me decía, que hasta la Gioconda perdería su sonrisa si no aprendía a mirarla.

“Y en un plano más místico, prosiguió Paul, nos permitiría visualizar espacios donde, de otro modo, sólo aparecerían huecos”. Al percibir que Nora se dispersaba con estas teorías, le mostró un ejemplo que supo entender mejor.

—Hablemos, por ejemplo, de imaginar… ¿Qué harías si recorrieras un bosque lleno de árboles, flores silvestres y pequeños insectos de toda clase?

—Pues que llegaría la noche y allí seguiría, me pararía a cada paso, acariciaría la corteza de los árboles al tiempo que olería las flores, dejaría a los insectos corretear por mis manos, miraría a lo lejos … ¡Qué se yo, Paul!

¡Ahí está la clave, Nora, pues esa visión periférica te habría permitido saborear todas esas cosas!

La cita del día siguiente no pudo ir mejor, Paul volvió con contrato en mano y, a partir de ahí, inició un viaje sin retorno.

Pero a Nora siempre le quedaría su legado, la habilidad y la destreza de sus manos, sus vivaces ojos y aquella noche especial en el Café Comercial.

P.D.: Este relato de ficción está dedicado a Paul Cinquevalli [1885], un joven de 26 años, considerado uno de los mejores malabaristas de la historia.

Cinquevalli

TRÉBOL5

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22 comentarios sobre “El malabarista

  1. Por razones que no vienen al caso últimamente entro poco al blog. Eso no quiere decir que olvide a mis vecinos blogueros. Hoy he robado un segundo al día, pensé- abro el blog y leo uno, el primero que aparezca. Y ahí estabas tú, con tu ingenio. A la pregunta que hace el malabarista ¿que harías si recorrieras un bosque lleno de árboles…… De repente me vi en el bosque, era real…. Ahora mismo no tengo tiempo, pero en cuanto pueda escribiré un Post donde cuente que haría yo. Más bien, que hago cuando me veo en esa situación. (Espero que no se enfríe la inspiración y me venza el olvido 😉) Gracias Úrsula por agitar mi imaginación que últimamente anda por otros derroteros. Feliz día, como siempre, un placer leerte.

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  2. Las/los amas de casa sabemos mucho de malabarismos y de visión periférica, pues tenemos que ver en conjunto lo que está a la vista y lo que está escondido que puede darse a ver en cualquier momento… Y cuando se da esa circunstancia no esperada es donde entra el malabarismo para intentar encontrar la cuadratura del círculo y llegar a fin de mes.
    Ya sé que mi comentario no tiene nada que ver con lo que has escrito pero es lo que primero me ha sugerido…
    Me ha encantado la historia, una manera muy linda de presentar al mejor malabarista de la historia.
    Un abrazo.

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    1. En mi opinión, lo que te ha sugerido tiene que ver y mucho con la visión periférica
      Y, además de que tu comentario me ha levantado una sonrisa, me parece de una agudeza visual extraordinaria (tan afín a la visión periférica)
      No sé qué tienen tus comentarios que siempre me enamoran
      Otro abrazo para ti, Estrella!

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      1. Mimo los comentarios, intento corresponder a lo que escribís dándoles mi aire personal. Supongo que soy mejor comentarista que escritora, pero tampoco aspiro a más.
        Lo que lamento es no poder leer todo y comentar a todo, me pierdo muchas cosas y me da muchísimo coraje, me gustaría poder abarcarlo todo… pero es imposible.
        Gracias por tus palabras, me han encantado.
        Un abrazo.

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        1. ¿Te acuerdas que cuando empezamos a seguirnos te dije que siempre me detenía embelesada en tus comentarios? … Pues eso! 😊
          En cuanto a lo que nos perdemos por falta de tiempo en leerlo todo, me pasa igual, incluso llego a sentirme mal, pero a veces llego tarde o publico como hace un rato … en fin, tampoco me da el tiempo para más. Siempre seguiré buscando un hueco los viernes o los fines de semana para intentar leer a todos los que pueda

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  3. Hola Julio!!!
    Pues claro que sí me ilusiona y te lo agradezco de corazón, aunque siento decirte que no sigo la cadena de nominaciones y os pido perdón por ello tanto a ti, como a otr@s que en su día me nominaron
    Sigo tu enlace en cuanto pueda para darte de nuevo las gracias en tu Blog.
    Abrazos

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