Una noche cualquiera

CABAÑA¡Como aves invisibles planeando
en sigilosa danza!

Mientras la lluvia caía silenciosa recorrió los claros del bosque, inspiró el olor a resina y a tierra mojada. Escuchó el murmullo del viento sobre las copas de los árboles y percibió millones de diminutos ojos en agujeros recónditos.

Cuando sintió crujir la hojarasca bajo sus pies se preguntó por qué estaba en la estación de los ocres, si sólo habitaban la cabaña en verano.

Y aunque la oscuridad de la noche se tragó los sonidos del bosque siguió su ruta, tan solo necesitaba tiempo para llegar hasta ellos.

—Se oye el silencio— apuntó ella

—¿Te acuerdas de sus nombres?— preguntó alguien

—Recuerdo sus manos y sus ojos, casi siempre estuve con ellos.

Más tarde, se quedó dormida sobre la hierba y con las primeras luces del alba sintió el calor de su perro dormitando sobre ella. Lloró y le abrazó sin poder creerlo, mientras él se acurrucaba y alzaba sus ojos para mirarla. Y tras superar su inesperado encuentro, emprendieron la marcha.

Estaba a salvo, Roco la guiaba ya hasta la cabaña de su infancia. Cuando entraron todo estaba en su lugar y el tiempo no había pasado, ella seguía siendo la niña de siempre con sus largas trenzas. Su madre y su hermano mayor habían salido, sólo su padre estaba allí en ese momento y, sentándola en sus piernas, la tarareó la canción de antaño.

Al poco rato llegó su madre, su hermano y su amigo Ian —que ahora vivía con ellos desde que todos se fueran para siempre.

¡Al despertar de su sueño fue feliz porque pudo abrazarles, rieron juntos y la llenaron de besos!

TRÉBOL5

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22 comentarios sobre “Una noche cualquiera

  1. Los sueños están, a veces, tan vivos que se confunden con la realidad.
    ¿Quién no desea volver a la infancia alguna vez? correr por el bosque, escuchar las voces de antaño, saborear la vida de los ingenuos años infantiles, sentir el beso de una madre e incluso la regañina cuando hacíamos algo mal…
    ¡Qué bien lo describes, Úrsula, me encanta!
    Un abrazo.

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  2. Qué haríamos sin sueños. No caducan nunca y la mayor parte de las veces podemos ponerles el final que queramos. Lo malo suele ser el despertar para el que la mayor parte de las veces no solemos estar preparados. Un abrazo.

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