Apuntes

LONDRESAunque sus caras reflejaran que el motivo que alegué para no acompañarles era inconsistente —lo cierto es que tan solo hubo miradas cómplices. Les debía una, sin duda, y haría lo mismo cuando sucediera al revés.

Así, puse los pies en la calle aliviada y dispuesta a deambular por algunos lugares que tantos años atrás había recorrido mil y una veces, comprobando luego que las imágenes que mi retina guardaba no se correspondían del todo con las que tenía delante y que algunos sitios de referencia ni estaban ni se les esperaba. Las luces eran más estridentes y centelleantes ahora e incluso los sonidos eran distintos.

Recordé la de veces que habíamos recorrido esas calles, pegados como lapas, con la sensación de que nada cambiaría. Quise creer que, de una u otra forma, algo habría quedado impregnado por allí —como ese tipo de cosas inmateriales que al no poder plasmarlas tampoco desaparecen.

En mi camino de vuelta, me topé con una pareja de jóvenes muy jóvenes que se besaban con una pasión tan desbordante que parecían comerse las entrañas. Confieso que sonreí por dentro y por fuera pues pasara lo que pasara, o con independencia de lo que la vida les tuviera reservado, nadie les robaría nunca esos momentos.

Y me alejé serena, pensando que la capacidad de sentir es tan especial que podría no cambiar con el tiempo —tal vez solo cedemos la primera fila a otros que inundan ahora de ternura, de pasión y de color los mismos rincones que un día ocupáramos cualquiera de nosotros.

TRÉBOL5

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